Enero 24 de 2281
¡Gracias por tomarse el trabajo de verificar sus cuentas!
Tenía 457 seguidores y, después de la limpieza, han quedado 280. Perfecto: menos multitud, más confianza.
Ahora sí les puedo contar lo que ha pasado. Recibí docenas de ideas sobre dónde viajar: Australia, Timbuktú, Hawái y quién sabe cuántos más.
De todas, hubo una que me llamó la atención por varias razones: Antelias, una isla en el continente de Pacífica.
Nunca he estado en Pacífica (en realidad no he estado en muchos lugares, y Pacífica es uno de ellos). Antelias es una isla inhóspita en el sur, cerca de la Antártica, llena de montes para escalar, pero también con rincones tranquilos, pensados para quienes, como yo, no buscamos riesgos innecesarios.
Además, Serena estuvo en Antelias y le fascinó. Recuerdo que me hablaba de unos fenómenos atmosféricos que hacían que el sol se viera rodeado de halos brillantes (creo que de ahí viene el nombre “Antelias”). Y, aunque es un lugar muy natural, el gobierno de Pacífica instaló potentes escudos de interferencia para proteger a los visitantes: el sol no podrá hacer de las suyas conmigo.
También leí que la capital de Pacífica, Noris, es increíblemente aburrida para los aventureros, pero un paraíso para los amantes de las compras y las novedades tecnológicas. Un destino ideal para mí, ¿no creen?
Como si fuera poco, Pacífica tiene un significado parecido al nombre de Serena. Quizá sea una señal.
¿Qué opinan ustedes?
P.S. Pacífica no existía en el siglo XIX, así que yo conoceré una capital que el tatara-requete-abuelo Elias nunca vio. Mi madre estaría orgullosa de mi. Tal vez hasta decida regresar del olvido y pedirme perdón por abandonarnos tan jóvenes. Sí, claro.










