El cometa interestelar 3i/ATLAS (C/2025 N1) sigue dando de qué hablar. Hoy, 24 de octubre de 2025, salió en las noticias que su comportamiento continúa siendo tan extraño como fascinante. Primero, su cola apuntaba en la dirección equivocada: en lugar de orientarse en sentido opuesto al Sol —como ocurre con todos los cometas—, 3i/ATLAS la tenía dirigida hacia él. Más tarde, al acercarse, la cola se invirtió y comenzó a apuntar correctamente, alejándose de nuestra estrella.
El comportamiento errático del cometa atrajo la atención del Sistema de Defensa Planetaria, y la NASA activó un protocolo especial de seguimiento para que observatorios de todo el mundo —y astrónomos aficionados acreditados— registraran su movimiento y compartieran los hallazgos con la Red Internacional de Alerta de Asteroides (IAWN).
Además del interés científico, en redes sociales volvieron a circular las inevitables teorías conspirativas. Incluso el científico de Harvard, profesor Avi Loeb, sugirió que el movimiento del cometa podría explicarse por maniobras controladas; en otras palabras, que 3i/ATLAS podría ser algún tipo de nave…
Yo escribo ciencia ficción y fantasía, y me encanta imaginar situaciones así. Pero en el mundo real soy bastante escéptico, así que la posibilidad de que 3i/ATLAS sea algo más que un objeto cósmico que aún debemos comprender, no está en mi lista de opciones.
Aun así, esta es una buena oportunidad para dejar volar la imaginación y pensar en Aliens visitando nuestro sistema solar…
¿Y si 3i/ATLAS no fuera un objeto natural?
A bordo de la nave oculta en la cola del cometa, Vhyrra hizo nuevos cálculos.
—Kaelor, a estas alturas ya deberíamos estar en el perihelio. ¿Por qué sigues desacelerando?
—¿Quién te dijo que estoy desacelerando? Si así fuera, los gases de escape apuntarían hacia ese sol y ya nadie creería que somos un inocente cometa.
Vhyrra cerró dos de sus ojos frontales y, tras tomar tres bocanadas profundas de metano, giró la esfera hacia su compañero.
Kaelor revisó los números y palideció. Sus tentáculos, cabeza y cuerpo comenzaron a emitir acetileno, y poco a poco todo vestigio de consistencia desapareció.
—Otra vez… ¡recomponte, por favor! —dijo Vhyrra. Aspiró los restos de su compañero que flotaban por todo el habitáculo y luego activó la máquina en sentido inverso. Tras algunos minutos de sacudidas y traqueteos, del interior del aparato fue surgiendo de nuevo la forma de Kaelor.
Él se palpó de arriba abajo, comprobando.
—Está todo allí, lo juro, pero tienes que hacer ejercicio y fortalecer tu núcleo. Te disipas con cualquier tontería.
Al fin Kaelor pareció satisfecho, aunque uno de sus ojos había quedado ligeramente desplazado hacia atrás. Ni modo.
Desactivó los impulsores de la nave y maniobró para ubicarse detrás del cometa, encendiendo nuevamente los motores.
—Ya está, ahora la cola apunta en la dirección correcta. No creo que nadie se haya dado cuenta —dijo con una mirada de súplica en sus seis ojos.
Vhyrra murmuró algo y revisó la imagen del tercer planeta, el único donde se había detectado tecnología.
—No se han desplegado cañones de antimateria ni otras armas defensivas. Creo que tuvimos suerte —respondió.
—¡Bien! Tal vez el Primer Archiconde tiene razón y son una cultura libre de armas.
—O puede que el Segundo Vicemariscal esté en lo cierto y sean taimados y terribles. Quizá solo esperan que nos acerquemos un poco más para vaporizarnos. Aunque, para ser justos, no necesitarían ningún cañón de antimateria para hacerte desaparecer —dijo Vhyrra, presionando su núcleo y lanzando un chorro de acetileno a presión que atravesó su cabeza con un silbido burlón.
Los gases del cerebro de Kaelor se arremolinaron mientras preparaba una respuesta, pero el sonido estridente de una alarma interrumpió sus pensamientos.
—¡Disparo! ¡Lanzaron un sólido! —gritó Vhyrra—. Debemos ocupar el tanque salvavidas.
Al mismo tiempo, Kaelor y Vhyrra se colocaron un cono en la cabeza y fueron succionados hasta el interior de la botella protectora.
—Vhyrra, esa arma Impactará en cualquier instante y tal vez este tanque no sea suficiente para evitar nuestra expansión libre por el universo. No puedo simplemente difuminarme sin decirte algo que he debido decir hace tiempo.
—No me molestes, Kaelor. Estoy tratando de calcular la trayectoria del arma. Y dame espacio, no me dejas mover —dijo ella, que tras revisar la información en su terminal personal, continuó—. Ese sólido que dispararon, viene muy, muy despacio.
—¿En serio? ¿Cuánto tardará en hacer impacto?
Vhyrra se las arregló para operar su calculadora en el espacio comprimido.
—Unos… quinientos días siderales del planeta de donde partió —respondió, que ante la cara de duda de Kaelor, aunque tal vez fuera solo un efecto del exceso de presión, aclaró—. Es mucho tiempo. Si seguimos en esta trayectoria exacta nos interceptará, pero podremos esquivarlos, de ser necesario.
Activó la expulsión y ambos salieron, pese a las protestas de Kaelor, que insistía en permanecer en el interior de la botella.
—¿Qué sentido tiene disparar un arma tan lenta?
—Tal vez sea un arma sicológica, como en el cuento de niños, recuerdas —preguntó ella.
Kaelor negó y Vhyrra continuó.
—Qué harías si supieras que un ser perverso ubicado al otro extremo de tu planeta está partiendo en ese mismo instante a darte cacería? Si te captura, sufrirás la muerte más espantosa. Serías comprimido hasta ser casi infinitesimal, y luego liberado para expandirse de forma descontrolada, cada una de tus moléculas a años luz de las otras, pero antes serías calentado y congelado, convertido en líquido y hasta en…
Kaelor la miró aterrorizado.
—¿Y hasta en qué? —se atrevió a preguntar.
—Hasta en sólido.
—¡No!
—Sí, un helado y rígido cubo. Pero ese ser malvado es muy lento, tanto como esa cosa disparada desde el tercer planeta. Solo que… jamás se detiene, ni por un instante. Mientras tú te detienes y recargas tus reservas, el monstruo marcha en tu dirección. Que estás cansado y quieres entrar en una botella de reposo, hazlo, pero mientras tanto él sabrá dónde estás y se dirigirá a ti con su paso lento e inexorable. Reposar es darle ventaja, detenerse es llamar a la muerte. ¿En serio, nunca oíste este cuento?
—No, y habría preferido no oirlo ahora. ¿Crees que esa nave que dispararon sea como el monstruo?
Vhyrra lo pensó un momento.
—Solo hay una forma de averiguarlo. Cambia la trayectoria solo un poco.
Kaelor operó los controles y la nave cambió su trayectoria, solo un poco, como había pedido Vhyrra, pero lo suficiente para hacer imposible el curso de intercepción fijado por la nave del planeta.
No ocurrió nada y ambos suspiraron aliviados.
Entonces, sonó una nueva alarma.
—Cambió de curso, la nave planetaria ajustó su trayectoria. Nos interceptará en 615 de sus días siderales.
Guardaron silencio un momento, y luego Vhyrra recuperó el habla.
—Es obvio que somos blanco de un arma que nos perseguirá hasta el fin de los tiempos pero tal vez podamos engañarlos. Debemos soltar al cometa.
—¡Soltar el cometa! Dejaremos a millones de seres sin protección, ¡no podemos hacer eso!
—Es horrible, pero debemos hacerlo para salvarnos. Entonces regresaremos con refuerzos y despejaremos esta ruta de una vez por todas. Mientras tanto, los pasajeros del cometa pueden encargarse de cualquier intento de abordaje.
Pese a sus reservas, Kaelor liberó al cometa y salió disparado en sentido opuesto. Segundos después, la nave terrícola siguió al cuerpo cósmico.
3i/ATLAS siguió su rumbo con la cola extendiéndose por millones de kilómetros: una estela de metano nacida del núcleo, donde cientos de millones de figuras gaseosas se arremolinaban, inquietas y expectantes.










