Diciembre 24 de 2280
Ya sé, ya sé. El número anterior debía ser el último. Pero varios de ustedes me escribieron, y no puedo fingir que no los leí. Lo malo de estas crónicas es que dejé mi alma en ellas, y con eso ustedes aprendieron a conocerme demasiado bien… tanto que encontraron mi punto débil. Así que, claro, muchos preguntaron: ¿y cómo era Serena antes de estos tres años de mierda?
Serena viajó a casi todos los rincones del planeta: escaló, remó, esquió, se perdió en lugares absurdos solo para tener historias que contar. Y sin importar qué tan lejos estuviera, siempre volvía para pasar la Navidad conmigo. Mañana es Navidad. La primera sin esa estúpida aventurera.
Les dije alguna vez que nos parecíamos tanto que nadie podía distinguirnos. Bueno… eso era cierto únicamente si estábamos bien cubiertas de ropa. Con ropa deportiva cualquiera veía la diferencia: una de nosotras era atleta, la otra era yo.
Su fortaleza física, su manía de desafiar lo imposible, me hicieron creer que lo lograría. Escaló el Everest tres veces, conquistó todos los grandes picos y regresó intacta. ¿Cómo no iba a poder contra un mal que venía de su propio cuerpo?
Claro que en realidad no había regresado intacta. Solo que entonces no lo sabíamos.
Cuando estábamos juntas, me pedía que fuera con ella a su siguiente viaje, pero luego me contaba todo. Yo me quedaba con los pelos de punta solo de imaginarla enfrentando esos peligros absurdos (jaja, en serio, quería que yo intentara eso?), y peor aún: bajo el sol, usando apenas esas protecciones portátiles que tanto promocionaron en el holo.
¿Se acuerdan? Aquellos dispositivos que juraban ser el “escudo personal definitivo”. Pues sí: la empresa que los fabricaba quebró hace un año, después de que le llovieran demandas por miles de casos de cáncer ligados a sus deficiencias. (Oígase, inutilidad)
Nuestro querido gobierno salió en seguida a inflar el pecho, presumiendo que cerraban la empresa para proteger al pueblo. Lo que convenientemente olvidaron mencionar fue la otra parte: los millones de dólares que ese mismo gobierno le había entregado a la compañía para “desarrollar la tecnología del futuro”. Cabrones hipócritas.
Gracias por seguir preguntando por Serena, por recordarla conmigo.
P.S. Mi madre decía que Serena había heredado el ánimo aventurero de Elias, mi Mi tatara-requete-recontra-abuelo (era del siglo XIX, no sé que parentesco es ese), quien fue el primer ciudadano de los EEUU (según mi madre) en conocer todas las capitales. No se si es cierto, pero mi madre lo juraba.










